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No existe ningún champú en
el mercado, por agresivo que sea, que pueda alcanzar la raíz del
pelo ni en consecuencia dañar la misma. Los champús, así
como los tintes, las permanentes, espumas, o gominas sólo afectan
al tallo y no a la raíz. De ello se desprende que la frecuencia
del lavado no repercute en absoluto sobre la "salud" del cabello,
entendiendo que la misma se encuentra en su raíz.
El miedo infundado que algunas personas refieren que lavar mucho el pelo
puede pudrir la raíz o que el lavado demasiado frecuente del mismo
puede facilitar su caída resultan pues totalmente erróneas.
Un deportista que lave su pelo tres veces al día o un Rasta que
lo lave una vez al año, tendrán exactamente la misma tasa
de recambio piloso, es decir sus raíces funcionarán a la
velocidad que determinen sus respectivas hormonas.
En realidad, los cabellos los estamos cambiando continuamente, una vez
cada 3 años por término medio. Esto significa que dentro
de 3 años en nuestras cabezas no vamos a tener ni un solo de los
cabellos que hoy tenemos en ellas. Para que el cambio de todos los cabellos
(unos 120.000 de media), en tres años sea posible, es menester
que diariamente se caigan unos 80 cabellos y que otros aparezcan en su
lugar en la misma raíz. Si no todos somos conscientes de este hecho,
ello se debe a que resulta muy evidente comprobar cómo el cabello
largo y grueso ya muerto, se cae, pero es casi imposible ver como los
nuevos (pequeños, finos, y de color más claro al principio)
aparecen.
La creencia errónea que el lavado del cabello puede resultar perjudicial
para el mismo, tan extendida entre nuestras abuelas, es debida a que la
fricción mecánica del momento del lavado adelanta en unos
cuantos días la caída de un número considerable de
cabellos muertos que estaban a punto de llegar a su momento de recambio.
Y por ello el día del lavado, sobre todo en los que lo hacen de
tarde en tarde, se caen mayor número de cabellos. Por el mismo
motivo, después del día de lavado se cae menor número
de cabellos, porque, aquéllos a los que les tocaba hacerlo en aquel
momento, ya lo han hecho antes.
Por el contrario los champús sí afectan de una manera directa,
al tallo piloso y a la piel de nuestro cuero cabelludo y modifican la
cantidad de grasa que nuestros folículos pilosebáceos fabrican.
Un lavado frecuente obliga a una mayor producción de sebo protector
y un lavado raro frena la misma. En ninguna de las dos situaciones, esta
grasa afecta la salud del cabello si no exclusivamente su aspecto.
Los tallos pilosos de aquellos sujetos que llevando el pelo largo, lo
sometan a fricciones por cepillados repetidos o por lavados frecuentes
si se verán más desgastados y con mayor número de
puntas abiertas. Por severo que sea este daño, con la salida del
nuevo cabello, quedará siempre totalmente corregido.
Así pues, si bien los champús sólo afectan el aspecto
externo de nuestro cabello y no la salud del mismo, lo primero puede resultar
importante en nuestra imagen. Así, que cada uno lave su pelo de
acuerdo con sus necesidades estéticas sin ningún temor a
que dicho lavado pueda afectar la salud del folículo piloso.
Grimalt-Dermatologia
La Vanguardia 13/11/2001
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