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En el ámbito de las consultas médicas,
las pecas y manchas no suelen tratarse propiamente como enfermedades,
dado que a menudo los cambios de coloración de la piel preocupan
más por problemas de orden estético que por cuestiones de
salud. Sin embargo, no son pocas las lesiones de este tipo que necesitan
tratamiento médico.
De los tres tipos de manchas más frecuentes, las oscuras, las rojas
y las blancas sin duda las que conllevan mayor interés médico
por su riesgo potencial son las manchas oscuras.
Conviene remarcar que pecas y manchas no son lo mismo. Las pecas son un
tipo concreto de mancha transitoria, de color marrón y de localización
característica.
Las efélides, nombre científico de las pecas son pues alteraciones
transitorias del pigmento de la piel desencadenas por la radiación
solar ( Efos= sol). Se presentan como manchas diminutas, como puntos o
como lentejas, de color pardo claro y límites precisos. Son múltiples,
aparecen desde los primeros años de edad y se localizan predominantemente
en las zonas expuestas al sol, sobretodo en la cara, alrededor de las
mejillas y en el dorso de la nariz, en el escote y también en el
dorso de los antebrazos. Tienden a hacerse más visibles después
de exposiciones solares intensas, al final del verano, aclarándose
en invierno. Son más frecuentes en personas rubias y pelirrojas
y su incidencia se transmite de manera hereditaria.
Por lo general no son síntoma de enfermedad alguna, de modo que
su único problema, si existe, es estético. Sin embargo,
existen determinadas formas de pecas que se asocian a enfermedades congénitas
más o menos importantes sobre todo si se localizan en zonas no
fotoexpuestas. A menudo se confunden pecas con lunares y estos últimos,
también denominados nevus, sí tienen importancia médica
porque eventualmente pueden degenerar. La diferencia más importante
entre unas y otras es que las pecas verdaderas nunca se vuelven cancerosas.
Incluso en personas que por tener la piel clara pueden llegar a sufrir
cáncer de piel, éste no se localizará sobre las pecas,
por lo que resulta de mayor importancia diferenciar pecas de lunares.
Si bien los lunares a menudo se presentan también como manchas
sin relieve, en otras ocasiones pueden ser palpables, abultados, e ir
acompañados de modificación en la consistencia de la piel.
Los lunares que son exclusivamente visibles y no palpables, es decir manchas,
se diferencian absolutamente de las efélides por que estas últimas
son transitorias, desaparecen durante el invierno mientras que los lunares
permanecen invariables durante todo el año.
Es importante recalcar que los lunares que sufran importantes cambios
tanto de forma, como de tamaño, como de color o que provoquen algún
tipo de molestia deben ser mostrados al dermatólogo para descartar
una eventual degeneración en melanoma (cáncer de lunar).
Grimalt-Dermatologia
La Vanguardia 17/06/2002
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