¿Conviene usar jabón cada vez que nos duchamos?


La piel del deportista es a menudo objeto de estudio dermatológico por la variedad de afecciones que puede mostrar. Hongos, verrugas, eccemas, habones, fisuras, úlceras y otras muchas dermatosis pueden afectar a los sudorosos deportistas. Se cree que para evitarlo, estas pieles precisan de cuidados específicos distintos a los aplicados a cualquier piel normal. La diferencia estribaría en que la piel del deportista puede verse sometida a tracciones desmesuradas, lavados repetitivos que en algunos casos pueden llegar a cifras de 4-5 duchas diarias, fricciones, exposición a ambientes muy húmedos, fríos o irritantes que, sobretodo en pieles sensibles, puede llegar a desencadenar alteraciones cutáneas. En realidad la mayoría de los problemas que afectan estas pieles no son específicos del deportista. De hecho, el sedentarismo puede acarrear exactamente el mismo tipo de alteraciones a nivel de los pliegues cutáneos, por maceración de unas zonas poco aireadas, que un exceso de deporte. No es el uso y abuso a que someta la piel sino la calidad de la misma, deficiente en sujetos alérgicos, lo que la altera.

La selección de un detergente o gel de ducha adecuado es el primer cuidado básico de la piel del deportista. Su función es eliminar la "suciedad" que se deposita en ella, procedente de las secreciones de las glándulas sudoríparas y sebáceas, de los restos de células de la descamación del estrato córneo y de la contaminación ambiental, pero todo ello debe ser conseguido sin dañar el manto hidrolipídico que protege nuestra piel. El agua por si sola, es decir la ducha sin jabón, es capaz de eliminar los catabolitos orgánicos solubles en agua, pero es menos eficiente en retirar las partículas sólidas (como el polvo) y es aún menos efectiva en retirar de la piel grasas o cualquier cosa mezclada con ellas.
Aunque el uso de jabón convencional dominó por muchos años, la situación ha cambiado radicalmente con la introducción de los agentes "no jabonosos", es decir, los detergentes sintéticos o sindets. La industria cosmética suele destacar las ventajas del pH ácido de los detergentes, provocando a veces la impresión de que ésta sería la característica de inocuidad más importante en un agente limpiador, aserción no necesariamente verdadera. Aunque es cierto que la piel normal presenta un pH ácido (de 3'5 a 5'5) y que éste mismo desempeña una función en la desinfección de la superficie cutánea, la alteración del pH que los agentes de limpieza provocan es de corta duración, ya que los mecanismos de auto equilibrio de la piel son muy eficientes y el pH retorna a sus valores normales unos minutos o unas horas después, tanto si el detergente usado es ácido (sindet) como si es alcalino (jabón de sebo). Además, debido a su alcalinidad, el jabón convencional es virtualmente autoesterilizante, y se conserva por si solo, mientras que la mayoría de los sindets deben contener agentes conservadores y antioxidantes para mantener su esterilidad.

Lo más adecuado sería utilizar jabón común o sindet en la ducha una única vez al día y aplicar a continuación algún tipo de solución o crema "hidratante" que reponga el manto hidrolipídico que haya podido quedar en parte dañado por el mismo.

Las zonas más húmedas del cuerpo, como ingles, axilas y pies, pueden infectarse secundariamente de hongos debido a la maceración provocada por la propia transpiración, si bien en la mayoría de sujetos ello provoca una escocedura en pliegues (o un pie escaldado por calzado deportivo) en la que el tratamiento antifúngico por sí solo no produce la curación.

Los deportistas que, coincidiendo con la primavera, desarrollan patología plantar dermatológica de forma repetitiva, probablemente sufren más bien un eccema por oclusión que no una contaminación por agentes externos tipo hongos o bacterias.
En realidad la piel de un sujeto adulto sano, deportista o no, difícilmente sufre de episodios recurrentes de infecciones por hongos.

Es aconsejable evitar apoyar el pie descalzo en las duchas de los gimnasios mediante el uso de chancletas de goma, tanto para evitar el contagio de verrugas plantares que puedan implantarse sobre una piel con soluciones de continuidad mínimas provocadas por el escaldado por el ejercicio, como para evitar las infecciones por hongos, de importancia menor que la de las verrugas.

Grimalt-Dermatologia
La Vanguardia 28/01/2001

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