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Son pocos los laboratorios de dermocosmética
que no disponen en su vademécum de una crema "antiestrías".
Ningún investigador ha conseguido demostrar alguna vez que el uso
de una "crema antiestrías" haya ocasionado daño
alguno a adolescentes puberales, a embarazadas o a sus fetos. La mayoría
de estas cremas contienen aceite de mosqueta, aceite de germen de trigo,
centella asiática, hidrolizados de colágeno y vitaminas
en distintas proporciones.
No desaparecen porque son cicatrices indelebles, de un llamativo color
rojo vinoso, como marcas de latigazos, cuando en la mayor parte de las
chicas se iniciaron en la piel de las caderas y de las mamas en el período
de la adolescencia. Unos años más tarde, cuando la portadora
de estrías puberales quede embarazada, éstas se habrán
disimulado en extremo, y permanecerán como lesiones definitivas,
un poco más pálidas que el color de la piel que las circunda,
atróficas, a menudo nacaradas. En este momento, concienciada de
la posibilidad de tener estrías del embarazo, se frotará
con cremas antiestrías los lados de su vientre, en zonas de piel
sometida a mayor estiramiento, sin saber que por haberlas tenido en la
pubertad, no forzosamente las va a tener en sus embarazos, ni que vayan
a ser estos múltiples. Algunas embarazadas las presentan a pesar
de no haberlas tenido en la pubertad, y a algunas otras se les forman
en ambos períodos fisiológicos. Cuanto más septentrional
sea el país de nacimiento de la mujer, mayores son las probabilidades
de tenerlas. Son prácticamente desconocidas en la isla de Java
y muy raras en el África negra.
En su formación influye el cortisol, formado en la corteza suprarrenal,
que aparece en períodos de estrés, y así son típicas
de la enfermedad de Cushing, pero también pueden darse en bastantes
infecciones debilitantes, en enfermedades caquexiantes como tisis galopantes,
y están bien descritas en internos en campos de exterminio humano.
En estos casos límite el organismo elabora hormonas cortisónicas
de supervivencia. Hay que convenir en que aún siendo embarazo y
adolescencia dos procesos fisiológicos, en los dos se produce una
situación de estrés físico.
Entre nosotros, Francesc Grimalt presentó en 1970 un estudio estadístico
efectuado en 500 chicas y mujeres con estrías en el que se evidencia
que un 39% de las madres catalanas no desarrollan estrías del embarazo.
(Expresado a la inversa, nuestras embarazadas sólo tienen un 61%
de posibilidades de que les aparezcan estrías en el vientre). Un
14% de las madres no tienen estrías ni del embarazo ni puberales.
Un 25% de las mismas no tienen estrías en vientre, pero sí
en caderas. Hay mujeres que han desarrollado estrías puberales
y que no las presentan después ni en embarazos múltiples,
y mujeres con estrías del embarazo que no las tuvieron puberales.
En ningún caso, la aparición o no de las mismas se ha podido
relacionar con el uso de ningún preparado de dermocosmética.
Grimalt-Dermatologia
La Vanguardia 10/12/2001
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