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No existe ningún laboratorio de
dermocosmética que no disponga en su lista de productos de una
crema antienvejecimiento. Existen pocas mujeres que alrededor de los 40
no hayan sentido necesidad, por supuesto una necesidad creada, de aplicarse
"algo" para tener la piel mejor.
Las distintas modas van cambiando las tendencias y si bien hace un par
de años los derivados del retinol o vitamina A eran, el summum,
en estos momentos los alfahidroxiácidos, con el láctico
y el glicólico en cabeza son los que más se venden.
Un laboratorio de dermocosmética de prestigio utiliza los conocimientos
científicos de que se dispone en el momento. Así y todo,
puesto que la finalidad primordial del laboratorio que lo prepara son
las ventas, se comprende que en el mercado puedan encontrase productos
cosméticos de gran éxito comercial y de escaso o nulo efecto
beneficioso real.
Si en un ensayo clínico se usa una crema antienvejecimiento en
media cara de un número determinado de mujeres y un placebo, en
este caso una crema con el mismo excipiente pero sin la sustancia en estudio,
en la otra mitad del rostro, durante unos meses predeterminados, no se
consiguen demostrar mejorías significativas que justifiquen el
uso de dicho producto.
La edad aparente de la piel de nuestra cara no se corresponde en absoluto
con la edad cronológica de la misma. El aspecto que la piel de
nuestra cara tendrá a los 60 años depende exclusivamente
de dos factores: de la herencia, es decir de nuestro tipo de piel, y de
las horas de sol que nuestra piel haya recibido durante toda nuestra vida.
Estos dos son los únicos factores que hacen que unas personas tengan
una piel envidiable y otras la tengan muy deteriorada exactamente a la
misma edad. Hoy por hoy nuestra piel más joven sigue siendo la
que cubre nuestros aún pudorosos glúteos.
Así pues el único preparado cosmético que podría
conseguir frenar el envejecimiento de la piel es aquel que incorporara
un filtro solar, y evitando la radiación solar se evitaría
la huella que ésta deja en nuestra piel. Nuestra piel tiene una
memoria de ordenador y recuerda cada minuto de radiación solar
recibida. Tiene capacidad para acumular pero es incapaz de restar con
los años los efectos del sol.
Tampoco nadie ha conseguido demostrar que el contenido hídrico
de la dieta, ni determinados alimentos puedan en realidad influir sobre
el futuro de nuestra piel.
Algunos productos, como los denominados de efecto flash, incluso algunas
hortalizas aplicadas en mascarilla, pueden, en las horas que siguen a
su uso, mostrar una mejoría transitoria, debida a la discreta irritación
que provocan, con la consiguiente leve hinchazón de la zona que
disimula de manera transitoria las finas arrugas.
En resumen, si a algunas mujeres el hecho de aplicarse en la piel de la
cara algún preparado cosmético les complace, que no duden
en continuar con este hábito, notarán su piel más
agradable si bien no modificarán el futuro de su piel.
Grimalt-Dermatologia
La Vanguardia 27/01/2003
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