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El agua y el aceite constituyen invariablemente
las dos causas principales de quemaduras accidentales en el hogar y pueden
resultar extremadamente graves en los niños. Les siguen las causas
físicas por objetos calientes, planchas, enseres de cocina, estufas,
etc., las quemaduras por llamas, que al prender los vestidos acostumbran
a ser extensas, y por último las quemaduras eléctricas que
pueden llegar a ser muy graves y asociarse a lesiones internas.
De modo genérico se denominan quemaduras
a las lesiones producidas por la acción del calor, el cual es lesivo
a partir de los 45 ºC. Evidentemente no es posible generalizar el
tipo de tratamiento para todas las quemaduras, pero se intentará
dar una norma general de actuación.
Ante todo, y puede parecer absurdo, la primera aproximación debe
ser eliminar la causa. Es decir si se nos ha vertido aceite encima de
la mano por una salpicadura de una sartén, la mejor opción
es poner inmediatamente la mano debajo del grifo con agua fría
para eliminar los restos de aceite que queden aún encima de la
piel. La profundidad de la quemadura está en relación con
la temperatura del agente causal, y con el tiempo durante el que actúa
en los tejidos. El agua a 60 ºC durante 10 seg. provoca una quemadura
de 2º grado, mientras que a 70º ésta es ya de tercer
grado.
En segundo lugar es importante valorar la intensidad de la quemadura.
Si se trata de una quemadura muy superficial y poco extensa en la que
no se aprecien roturas de piel, sólo rojez y escozor, la única
medida necesaria es calmar el dolor. Las cremas antinflamatorias, incluso
el alcohol usado en inmersión de la zona afecta, siempre que ello
sea posible, comprimidos antiálgicos o cremas con corticoides pueden
ser de gran ayuda. En estas quemaduras las cremas con antibióticos
son del todo innecesarias.
Si la quemadura es ya de mayor intensidad y se observan ampollas en la
superficie de la piel, nuestra actitud tiene que ser más cauta.
Como norma general y no sólo aplicable a ampollas por quemadura
sino también a ampollas por fricción, es importante para
disminuir la sensación de tirantez liberar el contenido de la ampolla
pero conservando siempre el techo de la misma, sin recortar la piel muerta,
ya que ésta protege la herida que se encuentra debajo. Una aguja
estéril de gran calibre puede ser de ayuda para vaciar el contenido
acuoso y dejar la piel arrugada encima de la base de la ampolla.
Si la quemadura ya es de mayor consideración y se observan roturas
en la piel, es necesario acudir a un centro médico en busca de
asistencia cualificada.
La extensión de la quemadura tiene, si cabe, mayor importancia
que su intensidad. El grado de la quemadura indica la profundidad de la
misma y por tanto el riesgo de curar mediante cicatrices o retracciones
permanentes, pero la extensión de las quemaduras es lo que en realidad
marca su gravedad y por tanto el pronóstico. Es necesario recordar
que una quemadura es una deshidratación súbita de la piel,
y que al perder ésta su capacidad de aislamiento, el cuerpo puede
perder gran cantidad de agua e iones a través de la misma. Así
pues quemaduras que afecten a más del 9% de la superficie corporal
deben ser siempre atendidas en un centro médico donde se valorará
la necesidad de ingreso hospitalario.
Grimalt-Dermatologia
La Vanguardia 27/05/2002
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